SOBRE LA INSTALACIÓN DE MONICA GONZALEZ
Ticio Escobar escribe sobre la obra:La instalación de Mónica González realizada en 1999 y titulada ¡A la mesa! consiste en una mesa dispuesta en el centro de una habitación para recibir a comensales. El mueble está rodeado de sillas diferentes y contiene en su centro una jarra de agua y, en torno a ella vasos rotos y trozos de los mismos. A cada comensal le está asignado un pegamento distinto: tiene, así, posibilidades de reparar el vaso y beber el agua. El planteamiento de la obra se desarrolla a partir de las ideas de diferencia y comunidad, es decir, en torno a la cuestión de lo individual y lo general en la solución de problemas que afectan a unos y otros por igual. En la iconografía de Mónica, el agua se encuentra siempre trabajada en cuanto figura de claridad y transparencia; es la cifra del bien común buscado, el principio del cual podrán nutrirse todos y coparticipar cada quien a su manera . Componer los vasos trizados para beber el agua también supone un desafío personal y conjunto: el reto que implica todo intento democrático de articular el sentido de cada uno y el objetivo de todos, de conciliar las posiciones y los modos particulares con las tareas colectivas.
Trece años después, ahora en 2012, Mónica vuelve sobre esta obra y la replantea en una escena específica, diferente: una sala del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro donde se exponen de manera permanente pinturas de Ignacio Núñez Soler (…///) sala cubierta de grandes óleos de modo que la misma ocupa un espacio mediador, un obstáculo o un señuelo para las miradas de los retratados y para la de los asistentes, una interferencia para la pulsión visual, de por sí interferida por intersecciones complicadas. Sobre la mesa, un mantel blanco y ocho vasos quebrados, dispuesto cada cual ante una silla. En el centro, como único punto lumínico una jarra de vidrio cargada hasta la mitad de agua. Al lado de cada vaso roto, un pomo de pegamento para restaurar cristales.
(…///) Quizá los vasos repuestos ya no puedan contener el agua entera: quizá se escurra ésta entre los intersticios de un arreglo provisional que jamás logrará saldar las fracturas ni restañar las heridas .Tal vez uno pueda ser herido en el intento por el filo del cristal roto; tal vez otro desista del empeño de arreglar la pieza o simplemente no quiera hacerlo. Estos son los riesgos de cualquier intento compartido. Y los costes de la comunicación y el lenguaje; una mesa es también una escena de controversia y de búsqueda de consenso; si cada quien tiene sus motivos y esgrime sus razones, todas las salidas son posibles. Es que, así como el lenguaje es el sitio de la convergencia y el desencuentro, así el sentido, la clave oscura que estará más allá de lo que cada uno quiera y de lo que el otro espera.