Karl Oenike

Un viajero alemán en Paraguay 1889 y 1891

La exposición reúne fotografías tomadas por el artista durante una travesía por el Paraguay, las cuales fueron recuperadas por el Centro de Documentación de la Inmigración de Habla Alemana (Argentina). Interesado en las colonias alemanas, Oenike visitó San Bernardino, donde documentó la cervecería de Peter Herken, para luego hacer fotografías, dibujos y pinturas de otros paisajes, con un marcado sentido emocional del espacio.

Según Inés Yjnovsky y Roberto Liebenthal, “Los dibujos de Karl Oenike se inscriben en el concepto de Stimmungsbilder, que él mismo usó parareferirse a las imágenes del estado de ánimo. Este término describe obras que transmiten sensaciones y evocan la espiritualidad de los paisajes”.

Karl Oenike (Berlín, 1862-1924) fue un pintor alemán formado en la Academia de Arte de Berlín. Entre 1887 y1891 realizó viajes por Sudamérica. Escribió diarios y realizó dibujos y,bocetos, acuarelas, óleos y fotografías, que ofrecen una valiosa perspectiva deregiones y poblaciones remotas, y de las dificultades que encontraron losexploradores alemanes en la década de 1880. Sus dibujos y fotografías seencuentran en el Linden Museum de Stuttgart.

Texto de los curadores

Entre los años 1887 y 1891, el joven pintor alemán Karl Oenike emprendió un viaje extraordinario por Argentina y Paraguay. Lo que comenzó como una travesía artística se transformó en un testimonio íntimo del paisaje, la sociedad y la vida cotidiana de dos países en plena transformación. Además de su especialidad en acuarela y lápiz, Oenike realizó fotos de la región. En muchos casos se trata de tomas únicas de espacios para los que no se cuenta con otras fotografías. EI Centro de Documentación de la Inmigración de Habla Alemana (Centro DIHA-UNSAM) ha recuperado una obra desconocida hasta ahora.

Johann Karl Oenike (1862-1924) fue un paisajista alemán formado en la Academia de Arte de Berlín. Entre 1887 y 1891 realizó viajes por Sudamérica. Partiendo de Buenos Aires, en 1889 y luego en 1891, viajó dos veces a Paraguay. En un barco a vapor ascendió lo que describía como el infinito y majestuoso Río de la Plata, siguiendo el curso de sus grandes afluentes: el Paraná y el Paraguay. Su visión artística se manifiesta también en las descripciones de luces y texturas que publicó en revistas ilustradas alemanas. Mientras navega por el Paraguay, anota: todavía no salió el sol, densos nubarrones de neblina se deslizan en derredor sobre el agua. Los rayos pasan por la neblina, y debajo nuestro se extiende, liso como un espejo, el agua verdosa. Cada pequeña rama, cada árbol y junco se ven reflejados.

Para referirse a Asunción señala que la vida en sus calles está llena de detalles ricos y originales. Interesado en las colonias alemanas se dirige a San Bernardino. Allí visita y saca una foto de una fábrica de cerveza perteneciente a Peter Herken, procedente de la región del Rin. Continúa hasta Villarrica donde observa la elaboración de tabaco. Finalmente asciende el Cerro Tatuy con Paul Jordan, un naturalista austríaco.

Realiza acuarelas y se queja de que la tarea se le hizo sumamente difícil debido a los tábanos. Pero finaliza su relato aclarando que el ambiente romántico volvió al campamento y los envolvió una profunda paz.

Los dibujos de Karl Oenike se inscriben en el concepto de Stimmungsbilder, que él mismo usó para referirse a las imágenes del estado de ánimo. Este término describe obras que transmiten sensaciones y evocan la espiritualidad de los paisajes. A través de sus pinturas y acuarelas, Oenike capturó la esencia emocional de los lugares que visitó. Plasmó la atmósfera y el sentimiento que esos paisajes despertaban en él, buscando una conexión profunda con el entorno natural y cultural que lo rodeaba.

En Argentina se casó con Wilhelmine Fehling quien lo acompañó de regreso a Berlín, donde tuvieron cuatro hijas. Allí alcanzó renombre como paisajista y pintor de castillos, obras cívicas y escenas históricas. Incluso llegó a ser corresponsal de la Gran Guerra.

La precisión técnica, la captación de la Iuz y el cuidado por los detalles revelan en Oenike a un observador sensible, capaz de traducir el entorno en imágenes cargadas de significación estética y emocional.